sábado, 12 de mayo de 2012

Cuentos de Tokio (Tôkyô monogatari)

(Dirigido por Yasujiro Ozu – Japón 1953)


Shukishi Hirayama (Chishu Ryu) y su esposa Tomi (Chieko Higashiyama) son una pareja de ancianos que viven en la ciudad de Onomichi con la última de sus hijas, Kyoko (Kyoko Kagawa). En el pasado Shukishi fue Jefe de la Junta Educativa, por lo cual para él, la labor de educar o mejor dicho, enseñar a pensar siempre fue una de sus principales preocupaciones tanto con los alumnos como con sus hijos. Sus vecinos admiran (y envidian) a los Hirayama por los hijos tan exitosos que tienen en Tokio. A ellos les atrae la idea de visitar a sus vástagos, por lo cual arman su equipaje y viajan hacia dicha ciudad en tren. Previamente hacen una parada en Osaka para ver por un momento a otro de sus hijos, Keizo (Shiro Osaka).

Al llegar a Tokio son recibidos por su hijo Koichi (So Yamamura) y su hija Shije (Haruko Sugimura). Mientras el primero posee una Clínica y se desempeña como doctor, la segunda tiene su Peluquería y ahí tiene todo un personal a su cargo y dirección. Se instalan en la casa de Koichi y todos parecen estar felices con la llegada de la pareja. Es más, para completar la escena, llega también a reunirse con ellos Noriko (Setsuko Hara) quien es nuera de ambos (y viuda porque su esposo murió en la guerra). Noriko es una mujer de una sonrisa mágica, increíble, que apuesta a la vida y a compartir con los demás antes que pensar en sí misma. Para ella, la llegada de los ancianos es como tener aunque sea por un tiempo la encarnación de su ya difunto marido fundido en esas dos grandes personas tan sabias. Y es que ella valora lo que significa ser un anciano y todo lo que siempre buscan transmitir a sus menores, sabe también que un día ella también va ser de edad avanzada y va querer ser escuchada y atendida en sus necesidades. Noriko es un alma compasiva, generosa, virtuosa pero en soledad por las circunstancias de la vida.

No pasa ni un día que los ancianos se encuentran en Tokio, cuando Koichi comienza a mostrar más preocupación por su trabajo que por la estancia de sus padres. Shije es de la misma idea, no quiere dedicarles tiempo a sus padres, es que el trabajo es más importante. Koichi y Shije le sugieren a Noriko que ella se encargue de hacer pasear a los ancianos. Noriko no tiene problemas en pedir permiso en su trabajo y hacer felices a los ancianos. Los días pasan y los ancianos siguen sin decir cuanto tiempo se van a quedar en Tokio, a Koichi y Shije les preocupa este tema porque “les quitan tiempo a sus labores” (más allá que ni siquiera pasean con ellos ni le dan cinco minutos, la única que lo ha hecho es Noriko). A Shije se le ocurre la idea de enviarlos a una residencia donde los “atienden como se debe a los viejos”. Koichi acepta la idea de inmediato, no ve las horas de deshacerse de los ancianos.

Ir a aquel lugar lo único que provoca es que Shukishi y Tomi tengan mal sueño y es más Tomi siente mareos. Ambos toman la decisión de volver a su casa. Esta decisión de sus padres no es bien vista por Shije, quien prácticamente los “desconoce delante de sus clientas” para luego “expulsarlos de su casa”. Como son un “estorbo” en la casa de Koichi, a los pobres ancianos sólo les queda repartirse, Shukishi con unos amigos del pasado y Tomi a la casa de su excelente nuera Noriko.

Aquella noche nos va revelar mucho acerca del carácter luchador de la pareja conformada por  Shukishi y Tomi, además del desprendimiento de Noriko. Al día siguiente vamos a descubrir hasta donde puede llegar el individualismo (e indiferencia) de Shije y Koichi. Pronto, un evento triste se producirá en la familia Hirayama, es en esas circunstancias cuando la persona que muestra más aplomo sea precisamente la que ha dado más amor: Noriko.


“Cuentos de Tokio” nos presenta una serie de situaciones acerca de las familias y sus problemas actuales:

1ero. La falta de comunicación

Siempre he pensado que si tengo que decir algo importante (no trivial) a un miembro de mi familia, lo medito bien y se lo digo. Espero que aquel miembro actué de la misma forma. Sin embargo, no siempre ocurre esto. Por prejuicios o prejuzgar no se dicen las cosas que tienen que decirse llevando esta situación a que las personas hagan supuestos que finalmente llevan a malos entendidos. Estas incomunicaciones son motivo de rupturas familiares.

2do. La falta de un tiempo familiar por las largas jornadas de trabajo

Comienza el día, tengo que trabajar. Termina el día, sigo trabajando horas extras. Duermo. ¿En qué momento converso con los miembros de mi familia? ¿En qué momento cuento como me ha ido en el trabajo, con quién me encontré, a dónde fui, con quiénes estuve, de qué charlamos, que comí, etc?
Llegan los fines de semanas y sigo pendiente del trabajo (el smartphone me tiene al tanto). ¿En qué momento le doy un tiempo a los míos?


3ero. El egoísmo donde cada quien tira para su lado

Finalmente se puede inferir que tanto el 1er como el 2do punto de los problemas actuales de la familia son casi lo mismo. La pregunta es ¿Por qué ocurre eso? La respuesta es: Porque hoy en día las sociedades se hacen cada vez más individualistas lo cual está llevando a un egoísmo desproporcionado en cada ser humano que ya no piensa en el beneficio del grupo sino en el beneficio propio. Algunos dicen “Yo tengo que destacar, ser exitoso, los demás no me importan”. Este pensamiento está llevando a la humanidad a una crisis mundial donde los valores se han puesto de cabeza. A muchos jóvenes les he escuchado decir “Yo hago lo que me da la gana”. Les aburren las reglas. ¿Por qué les aburren las reglas? Porque se han dejado dominar por la desidia y el miedo.

Vivimos los tiempos del miedo. Solución: La familia. ¿Quiénes son los llamados a romper paradigmas actuales de crisis de valores?: Madre y Padre. ¿Qué se recomienda que enseñen a sus hijos desde niños?: Aprender a amar, respetar a su prójimo y a luchar y trabajar en el marco de los valores más altos de la vida.

“Cuentos de Tokio” es una obra maestra.


A continuación les dejo fotos-extractos con las mejores frases de la película:







martes, 1 de mayo de 2012

Muñeca de Aire (Kûki ningyô)

(Dirigido por Hirokazu Koreeda – Japón 2009)

Al parecer, la vida está construida de tal forma que nadie puede vivirla solo. A las flores no les basta con tener pistilos y estambres. Necesitan que un insecto o el viento lleve el polen de un estambre hasta el pistilo. La vida contiene su propia ausencia, su propio vacío, que sólo otro puede llenar. Al parecer, el mundo es la suma de los demás. Sin embargo no sabemos y tampoco nos cuentan que nos complementamos mutuamente. Seguimos con nuestra vida solitaria, ignorando a los demás con indiferencia.
Pensamientos de Nozomi

Nozomi (Doona Bae) es una muñeca inflable que una mañana cobra vida tras escuchar en sus oídos un soplido. Como un bebe recién nacido, lo primero que busca hacer es conocer el mundo a su alrededor, lo observa, lo toca, lo huele, lo siente. Al salir a la calle, escuchar a las personas, es su primera actitud, para imitarlas luego. Esa mañana va a un parque para niños y juega con la arena, se siente feliz. Finalizado el día se pasea por la ciudad y encuentra una tienda de alquiler de videos donde conoce a un vendedor Junichi (Arata) que le ofrece la oportunidad de un empleo.

Conforme pasa el tiempo la fascinación de Nozomi empieza a decrecer cuando interactúa más y más con las personas, se hace preguntas existenciales ¿Qué es la vida? ¿Qué es envejecer? ¿Por qué soy la sustituta de la ex de mi dueño? ¿Por qué me puso el nombre de su ex? ¿Por qué soy una sustituta para aliviar el deseo sexual? ¿Por qué la gente miente? ¿Qué es el amor? ¿Por qué no soy feliz? ¿Por qué es tan duro tener corazón, sentimientos y amar?  Nozomi sólo tiene momentos de felicidad cuando conversa con Junichi, si bien ella le hace muchas preguntas, con él todo es diferente, es más, ella siente que desde que lo vio por primera vez, él era su “igual” a ella, quizá (tal vez) es un “muñeco inflable”. Con Junichi, Nozomi quiere saber más cosas, no del mundo ni de la vida, sino acerca de él. Ambos parecen haberse enamorado mutuamente, sin embargo hay un detalle: ambos son distintos, ella no es humana, él si.

“Muñeca de Aire” es una historia fantástica que encierra como mensaje el paso de la vida, todo reflejado en el personaje inverosímil de Nozomi. Este personaje va experimentando todas las emociones humanas, todas aquellas que hemos pasado tú y yo y los que vendrán. La felicidad, el amor, la tristeza, el dolor, la angustia, el placer, la curiosidad, cuando pasamos por todo aquello crecemos y maduramos. En el caso de algunas personas, madurar es sinónimo de dolor. De esto último que acabo de mencionar surge una pregunta: ¿hemos venido a sufrir al mundo? Pienso que no. Todo lo contrario, diría que la felicidad se encuentra dentro de nosotros mismos. “El pasado ya pasó, voy a ser feliz aquí y ahora por siempre” todo puede devenir en un nuevo mundo para nosotros. Tenemos todo a nuestro favor, sabemos cuan importante es la fuerza de voluntad y la capacidad de lucha para sobrevivir en este mundo. Una vez más, la decisión de amar, no sentirnos vacíos y ser feliz depende de nosotros.

viernes, 20 de abril de 2012

El Cine de los Hermanos Dardenne


“Cuando sale una película, es una mirada acerca del mundo, de la vida misma, de las relaciones entre las personas”

“Filmamos lo que no se suele ver, lo que no se quiere ver”

Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne 

A inicios del presente año vi la película “El niño de la Bicicleta” de los Hermanos Dardenne. Era la primera película que veía de ellos. Quedé impactado. De inmediato me tracé como meta ver sus anteriores películas, es que tanto talento en un filme puede ser indicador que los anteriores filmes sean también muy buenos, no me equivoqué.

El cine de los Dardenne tiene dos características para resaltar: La primera es el manejo de la cámara, esta acompaña al personaje central de la obra de cerca. Es decir, el espectador siente que es un acompañante de la historia del personaje, conforme avance la película vamos a creer que lo conocemos a fondo al personaje porque estamos viviendo una aventura con él, sin embargo (como los seres humanos en la vida real) nos sorprende con sus decisiones finales. La segunda característica es la actuación tan verídica de su equipo de actores. Mucho influye la confianza depositada en 3 actores que los vamos a ver a lo largo de sus filmes (los vamos a ver creciendo e inclusive engordando y envejeciendo), estos son Olivier Gourmet, Jérémie Renier (el Jean-Pierre Leaud de los Dardenne) y Fabrizio Rongione. Son tan versátiles que pueden pasar desde un personaje idealista y bueno hasta uno malvado y perverso. La fuerza interpretativa de los 3 hace que creamos en sus historias, que nos pueden pasar a nosotros o al de mi costado o al vecino o a ese que camina por la calle ahorita.

En todas sus películas vemos la vida, así tal como es, sin engaños. Por eso siempre a lo largo de todos sus filmes aparecen niños y/o adolescentes (los cuales reflejan la inocencia). Nos enfrentamos a la sinceridad de las historias (un personaje se puede tirar un pedo sin querer queriendo y otro siendo adulto puede jugar como un niño, esto ocurre en la vida y todos los días). Una vez que terminamos de ver una película de los Dardenne nos invade la sensación de reflexionar, de pensar en nosotros y en nuestro prójimo, de reflexionar en cómo se anda conduciendo nuestra sociedad. Podemos ser mejores seres humanos, todo depende de nosotros.

La Promesa (La Promesse)
(Dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne – Bélgica/Francia 1996)


Igor (Jérémie Renier) es un aprendiz de mecánico. En sus ratos libres se dedica a ayudar a su padre Roger (Olivier Gourmet) en el alquiler de departamentos a ilegales. La verdad es que a Igor más le interesa ayudar a su padre porque este le enseña las mañas (mentiras incluidas) para ganar más y más dinero a costa de estos clandestinos individuos. Finalmente Igor abandona a su maestro mecánico y se dedica de lleno a las actividades de su padre. Todo parece marchar sin sobresaltos, los sueños de Roger parecen encarrilados (está ganando buen dinero) y en cuanto a Igor es feliz haciendo del chulillo de su padre. Sin embargo, una mañana que los inspectores de trabajo hacen batidas para encontrar ilegales en los edificios, uno de los ilegales cae desde lo alto de una escalera en su desesperación por no ser encontrado. Igor, que ha avisado a todos, escucha un ruido y va a buscarlo, al encontrarlo, este hombre se encuentra tirado en el piso y ya moribundo le dice: “Mi mujer…. Mi hijo… cuida de ellos”. El hombre fallece. Pronto la vida y las relaciones padre-hijo (Roger-Igor) cambian bruscamente a raíz de la promesa que le han hecho jurar al muchacho.

Rosetta
(Dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne – Francia/Bélgica 1999)


Rosetta (Émilie Dequenne) es una muchacha desconfiada, reactiva, agresiva, terca, orgullosa pero también ordenada y cumplidora de su deber. Sin embargo, la han botado de su último empleo según dice su jefe porque ha terminado su periodo de prueba, ella no cree en esas palabras. Para Rosetta una compañera de trabajo ha hablado mal de ella, la ha jodido. Lo peor es que su madre es alcohólica y enfermiza. Rosetta tiene una gran carga en sus hombros, sólo le queda buscar otro empleo y quedarse, ya lo eventual no le conviene en absoluto. Ella debe conseguir un empleo y para ello es capaz de todo. Es en esas circunstancias que conoce a Riquet (Fabrizio Rongione), un tímido vendedor de gaufres, que le ayuda a conseguir un empleo con su Jefe (Olivier Gourmet) en la elaboración de estos deliciosos alimentos. El empleo, no le va durar mucho a Rosetta y este va ser el motivo para que ella tome una decisión inesperada con tal de no quedarse sin nada, esta decisión inclusive puede afectar a quienes más la quieren.

El hijo (Le fils)
(Dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne – Bélgica/Francia 2002)


Olivier (Olivier Gourmet) es maestro de carpintería en un Centro de Reinserción Laboral para adolescentes. Es un tipo dedicado, medio perfeccionista y detallista. Su matrimonio había terminado hacia un tiempo y es por eso que invierte todas sus energías en la enseñanza de aquellos jóvenes que todavía tienen esperanza en poder servir de manera correcta a la sociedad. La llegada del adolescente Francis (Morgan Marinne) cambia el comportamiento de Olivier. El muchacho es enviado al área de soldadura y a Olivier se le da por andar fisgoneando los movimientos del muchacho, no se entiende porque lo hace. Es más pide al Centro que lo pasen al área de carpintería para tenerlo a su cargo. Francis comienza a admirar la destreza y el dominio de la carpintería que muestra su maestro Olivier, lo que no sabe es el secreto que tiene este último respecto de él.  El día que lo descubra será impactante.

El niño (L’enfant)
(Dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne – Bélgica/Francia 2005)


Bruno (Jérémie Renier) tiene por novia a Sonia (Déborah Francois). El amor de ellos consiste en correr, saltar, jugar a las chapadas, ponerse cabes, morderse y abrazarse sin besarse (así el erotismo entre ambos es más intenso). Son felices, más ella quien ha dado a luz un bebé al que le ha puesto por nombre Jimmy, se muestra responsable y cariñosa con su hijo, en cambio Bruno experimenta indiferencia ante el niño. Y eso es precisamente lo que le fastidia a Sonia, esa muestra de medio amoroso e indiferente que es con la criatura. A eso hay que sumarle que Bruno es líder de una banda de raterillos. Añadir también que Bruno es ocioso y embustero, al parecer por naturaleza. Si se trata de ganar plata rápida, Bruno es el primero en idear como hacerlo. A él, realmente, sólo le interesa su beneficio propio y es por eso que se le ocurre una idea trastornada para obtener mucha plata a través del uso de su pequeño hijo.

El silencio de Lorna (Le silence de Lorna)
(Dirigida por Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne – Bélgica/Francia 2008)


Lorna (Arta Dobroshi) trabaja en una lavandería y está a punto de obtener la nacionalidad belga. Para lograr dicho propósito se ha casado con Claudy (Jérémie Renier), quien es de esa nacionalidad. Es un matrimonio por conveniencia donde ella le ha dado un dinero, primero por contraer las nupcias y luego le tiene que entregar una una cantidad mayor para separarse. Claudy es drogadicto y quiere salirse de ese mundo de la heroína, piensa que Lorna puede ser su gran ayuda. Le clama siempre desesperadamente para que le quite las llaves de la casa cuando sabe que le vienen ganas tremendas de buscar la droga. Le ruega a Lorna que se quede en casa para preparar una comida rica o para jugar a las cartas. Claudy empieza a convertirse en un hombre nuevo, un hombre que sonríe, Lorna sin querer le está dando el amor que él necesita tantísimo. Lorna también está sonriendo. Sin embargo existe una persona en la vida de Lorna, Fabio (Fabrizio Rongione), que tiene otros planes para el futuro, tanto sentimental y laboral así como para la nacionalidad de Lorna.

“El silencio de Lorna” es una película impactante con una escena final demoledora. Para muchos la gran obra de los Dardenne.

domingo, 8 de abril de 2012

Le Havre

(Dirigido por Aki Kaurismaki –  Finlandia/Francia/Alemania 2011)

Siempre hay esperanza

Marcel (André Wilms) trabaja de lustrabotas por las calles de Le Havre (ubicada en Normandía que es una provincia del noroeste de Francia). Todos los días se centra en mirar el calzado de las personas que caminan. Si observa un caballero con un calzado al que le falta darle una lustrada sólo le hace una indicación con los ojos para que el señor acepte de inmediato que se limpie sus zapatos. Marcel tiene su estilo para la lustrada, al fin y al cabo ser un lustrabotas también implica un arte. Marcel se centra en el betún y el movimiento para sacar brillo.

Ser lustrabotas no es fácil en estos tiempos, nunca faltan aquellos dueños de tiendas que no quieren que él trabaje afuera de sus establecimientos, lo botan si lo ven cerca. A Marcel no le queda otra que buscar otra esquina para ofrecer sus servicios. Una fortaleza que tiene a su favor es que es un hombre “que no sabe estar sin hacer nada”. Por las noches al volver a casa siempre es recibido por su perra Laika y su amada esposa Arletty (Kati Outinen). Ella es una mujer buena, que da mucho amor, y que además administra el dinero ganado diariamente por Marcel (en una lata ahorra una parte y le da otro poco a él de premio por lo trabajador que es). Arletty lo trata a Marcel como un niño, no cualquier niño, un niño grande.

Una mañana Marcel va al puerto a tomarse un refrigerio que le ha preparado por la mañana su mujer Arletty. Al huevo le echa sal y se dispone a comer su sándwich cuando de pronto observa a un muchacho en el mar. El muchacho le pregunta cómo llegar a Lóndres. Él le dice que se encuentra del otro lado. En ese momento llega el Inspector Monet (Jean-Pierre Darroussin), el muchacho se esconde. El inspector le dice a Marcel que andan buscando a un chico prófugo. Marcel dice que no ha visto nada. El inspector le dice que ese chico necesita cuidados, si sabe de algo que lo comunique.

Cuando llega la noche, Marcel compra comida y la lleva al puerto dejándola en un lugar cercano a donde vio al muchacho más temprano. Luego va a su casa donde encuentra que su esposa se siente enferma y la lleva entonces al hospital. A la mañana siguiente al volver a casa tiene la preocupación de que va pasar con su mujer, el doctor le ha dicho que le van hacer análisis para determinar que enfermedad tiene. Se le suma una nueva preocupación, en su casa encuentra durmiendo al muchacho “prófugo” junto a su perra Laika. El chico lo había seguido la noche anterior. Lo despierta y este le dice que se llama Idrissa (Blondin Miguel) y que su objetivo es llegar a Londres para reunirse con su madre. Marcel, que es un hombre bueno, decide que debe ayudar al niño. Pronto  Marcel aprenderá una lección de vida con aquel niño.


“Le Havre” es un canto a la esperanza. En tiempos que vivimos de pesimismo, de personas que hablan del fin del mundo, de violencia, de caos, de inmoralidades, de Sodoma y Gomorra, de que ya no hay remedio para nada y sólo se vislumbra el final de todo, surge Kaurismaki y le da una cachetada a aquel pesimismo. La película va construyendo cada diez minutos como creer y crear esperanza en un mundo dolido, angustiado, ansioso. Para ello el personaje central se vale de otras personas que están dispuestos a ayudarlo (un lustrabotas, la panadera, el frutero, el doctor, un cantante, unos refugiados, etc). Cuando ya se piensa que no se puede confiar en nadie, surgen personas en las que se puede confiar. Cuando ya se piensa que hay gente muy mala (como el vecino de Marcel, interpretado por el gran Jean-Pierre Leaud) aparece gente muy buena (como el inesperado y solidario personaje del inspector Monet). “Le Havre” nos hace creer, finalmente, que debemos seguir apostando por un mundo mejor, basta ya de tanta depresión, es hora de ser positivos. El final de la película es sencillamente inolvidable.

martes, 3 de abril de 2012

El ladrón de bicicleta (Ladri di biciclette)

(Dirigido por Vittorio De Sica – Italia 1948)

Hay una solución para todo menos para la muerte.

En la Italia de Post Guerra encontrar empleo es muy difícil. Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), padre de familia con dos pequeños hijos lo sabe muy bien. Lleva más de un año sin encontrar empleo. Para mantenerse ha tenido que empeñar y vender uno tras uno muchos bienes de su casa. La oficina de empleos le consigue milagrosamente un empleo para que se encargue de pegar posters por la ciudad. Es una bendición de Dios la que ha llegado a su vida, sin embargo le exigen que tiene que usar una bicicleta necesariamente para dicho trabajo, de no tenerla no se le da el empleo.

Antonio se siente un desgraciado porque también ha empeñado la bicicleta. No se le ocurre de donde obtener dinero para recuperar su bicicleta y poder trabajar al día siguiente. Su esposa María (Lianella Carell) analiza la situación y se le ocurre que es momento de vender todos los cubrecamas que tienen en la casa (4 usados y 2 nuevos), con ese dinero pueden tener de vuelta a la bicicleta. Antonio queda admirado por ese gesto de desprendimiento y amor profundo de María por el bien común de la familia.

Ya con la bicicleta, se levanta muy temprano con el mayor de sus pequeños, Bruno (Enzo Staiola), y se van a trabajar. Al niño lo deja en un grifo de gasolina donde el pequeño labora y Antonio recoge una escalera para ir con un mentor para que le enseñe como pegar los posters por la ciudad. La felicidad en Arturo es tremenda. Se pone a pegar posters cuando ocurre una fatalidad. Un ladrón le roba su bicicleta y huye. Por más que grita: Ladrón!, Ladrón!... nadie hace algo por ayudarlo. El ladrón se pierde en un túnel de la ciudad. Su única opción a partir de ese momento es encontrar al ladrón y su bicicleta, pero esa es una misión difícil en un lugar de miles de habitantes con sus respectivas bicicletas. La angustia empieza a apoderarse de Antonio y esto nubla sus decisiones, un final inesperado está por ocurrir.

“Ladrón de bicicleta” es la historia de un hombre desesperado por conseguir un trabajo que le permita alimentar a su familia. De Sica acierta con los 3 personajes principales: El padre, la madre y el hijo. En otras palabras una familia. El padre interpretado por Lamberto Maggiorani muestra muy bien con sus miradas y gestos las emociones de felicidad, decepción y tristeza absoluta. De igual manera el niño Enzo Staiola retrata la ingenuidad, alegría y congoja en su mirada. Aplausos  para la actriz Lianella Carell que interpreta a la madre y muestra AMOR en su mirada. Hay que añadir que los actores secundarios no se quedan atrás, los amigos del padre muestran SOLIDARIDAD, en tanto que el ratero y sus amigos análogos, el EGOÍSMO y la maldad.


Para finalizar, “El ladrón de bicicleta” es un clásico que tiene vigencia porque agrupa una idea que permanece hasta la actualidad: “El amor nos conduce a ser solidarios y a compartir, lo cual se traduce en felicidad. El egoísmo sólo nos va conducir a la miseria y frustración, lo cual se va traducir en infelicidad”.

sábado, 31 de marzo de 2012

La otra mitad

(Escrito por David Cotos – Perú 2005)


Buscó el ojo perdido pero por más que trataba parecía una misión muy arriesgada. Pidió ayuda. No le hicieron caso. Optó por lo más fácil perder el otro ojo para que este encontrara el primer ojo. Así lo hizo. Rato después volvió el primer ojo a su dueño pero faltaba el segundo ojo. Ahora que iba hacer. Se confundió de nuevo. Esta vez estaba perdido el segundo ojo. Se sentó a esperar quizá volvería como el primer ojo. En efecto volvió pero vino partido por la mitad. Se lo puso en el rostro. Se miró al espejo. Se veía raro. Había un hueco en su cara, sentía que le entraba aire.

-          ¿Ahora qué hago? – se preguntó.

Buscó la bolsa de algodón, agarró un pedazo de algodón lo puso junto a su mitad de ojo. Sintió una sensación extraña. Eran como cosquillas a su mitad de ojo. No le dio importancia. Se miró de nuevo al espejo. Buscó unos plumones y pinto de marrón al centro de algodón, de tal manera que combinará con la otra mitad de la pupila. Se miró de nuevo al espejo, había terminado su búsqueda.

viernes, 23 de marzo de 2012

El último hermano Estrada


El último hermano Estrada

(Escrito por David Cotos – Perú 2012)

-          ¡Eres un feo! …..¡Un feo de mierda!

Y a continuación le tiró dos bofetadas en su pequeño rostro. El niño lloró a más no poder. Sus hermanos mayores Miguel y Augusto no pudieron hacer nada, sólo fueron mudos testigos de lo que ocurrió. Más se apoderó de ellos el miedo a que también les cayera una paliza o un insulto.

Al atardecer, cuando llegó a la casa Doña Amanda de Estrada, fue Augusto quien se acercó a su cuarto y le contó lo ocurrido. Sólo se había ausentado un par de horas, por la importancia que tenía para ella cerrar unos negocios en Chiclayo referentes a la caña de azúcar. De inmediato fue donde la improvisada empleada que había contratado para que le cuidara a sus hijos durante su ausencia, no le sacó la chochoca ni la reventó a palazos, sencillamente la despidió en el acto.

Raúl tenía los cachetes (rojos) hinchados como si estuviera queriendo hacer un globo con una goma de mascar. Hacia unos ruidos de quejidos. Su madre acurrucó al niño entre sus brazos y le cantó un par de canciones, al rato se quedaron dormidos ambos.

Era Diciembre de 1948 cuando ocurrió dicho acontecimiento. Doña Amanda les hizo jurar a Miguel y Augusto que nunca le contaran dicho episodio a su hermano menor.

Picsi era un lugar fantástico para jugar, crear historias y vivir historias. Los hermanos Estrada paraban en la calle jugando con los trompos y las canicas. Su madre siempre les decía que no fueran hacia la Huaca. Ellos no le hacían caso y se iban con frecuencia. Más tarde les caía una zurra, nunca faltaba una vecina que le contaba a Doña Amanda que lo había visto a Miguel arrastrando una frazada de su cuello haciendo la representación de ser un gran Señor de la Antigüedad, que Augusto le seguía la corriente haciendo movimientos con las manos en señal de adoración a su señor y que el pequeño Raúl tocaba un tamborcito para darle solemnidad a la “ceremonia”.

Doña Amanda: ¡Carajo! Ya les he dicho que no vayan hacia la Huaca Alcán
Miguel: Pero es divertido mamá
Augusto hacia una sonrisa amplia y Raúl elevaba su labio inferior hacia arriba y abría sus ojazos.
Doña Amanda: Cómo su padre se entere de sus andanzas….. Recuerden que él no es como yo.

Los pequeños Estrada sabían que Don Andrés era un tipo de carácter firme y sin contemplaciones. Siempre trabajando y viajando si no era a Chiclayo era a Trujillo. Si Don Andrés daba una orden, se cumplía si o si, una falta de respeto por ahí se convertía inmediatamente en un correazo.

Cuando Raúl entró al Colegio, sus hermanos ya se encontraban en Quinto y Tercer Grado respectivamente. Miguel ya mostraba dotes de líder, era el alumno con notas sobresalientes en su salón, era el primero en deportes, era la sensación en los bailes (de huayno, guaracha y tango) por grado que se realizaban cada mes en el Patio del Colegio. Augusto, a diferencia de Miguel era el típico seguidor, sus notas eran mediocres y andaba de amigo de la lacra de su salón de clase.

Raúl fue el diferente, siempre lloraba y nunca sabía por qué. En el primer año pensaron que era porque no se adaptaba a lo que significa la rutina del Colegio. Al llegar al tercer año y ver que el niño conservaba la misma actitud cada cierto tiempo, el subdirector mando llamar a Don Andrés y Doña Amanda. Les manifestó su preocupación.

Subdirector: En este Colegio no queremos llorones.
Doña Amanda recordó el trauma de su niño cuando tenía meses de edad pero se mantuvo callada, no valía la pena contarlo según ella.
Don Andrés: No se preocupe señor, tiene mi palabra que a partir de mañana le entrego todo un hombrecito.

En efecto, Raúl no volvió a llorar delante de sus compañeros de aula en lo que restó de la Primaria ni toda la Secundaria. Augusto le contaría un tiempo después a Miguel que aquella tarde de la conversación con el Subdirector, Don Andrés tomó del brazo a Raúl y lo metió a la Biblioteca, algo debió pasar ahí, un misterio, para ese cambio tan drástico en el muchachito.

Llegado el 6to de Primaria, Raúl se mostraba como un chico tímido. Sus compañeros de aula lo molestaban pero sin el ensañamiento que había hacia otros muchachos. Tuvo muchísima suerte, pero realmente más que suerte era el respeto (y a la vez temor) que tenían a sus hermanos mayores que se encontraban ya en la Secundaria. Miguel se encontraba en 4to de Secundaria, era el mejor alumno del Colegio. Augusto por su parte, tenía 5 enamoradas al mes a las cuales las dividía en 4 de Lunes a Jueves y 1 firme para los fines de semana. Tanto Miguel como Augusto eran ídolos para los grados menores del Colegio de Varones. Sus hazañas en los deportes y con las mujeres (del Colegio de Señoritas cercano) eran el boca a boca diario. Los compañeros de Raúl no entendían como este era hermano de aquellos.

Las matemáticas se convirtieron en sus compañeras inseparables para Raúl. Estudiándolas a fondo evadía su realidad. Además entrando a la Secundaria le permitía granjearse el respeto de los más pendejos del salón, al ayudarlos en sus tareas.

Eran mediados del Año 1961 y Raúl quería ver la última película de Charlton Heston en pantalla grande.

Raúl: Mamá me voy a Chiclayo a ver una película en el Cine Tropical.
Doña Amanda: Espera un momento, tú no te vas a ir solo. Augusto ven aquí!
Augusto: ¿Qué pasa mamá?
Doña Amanda: Acompaña a tu hermano, va ir al cine Tropical en Chiclayo.
Augusto puso mala cara pero aceptó. Siempre lo agarraban de niñero. Aunque era preferible escoltar al “hijito de mamá” al cine que llevar a la primita Rosa a ver seriales de Walt Disney con aventuras de Mickey Mouse y Gooffy. Ya lo había hecho antes y lo detestaba, además la niña (tenía 4 años) siempre quería orinar en las mejores partes de las seriales, un día para no perderse una escena tuvo que hacerla orinar en el piso y nadie se dio cuenta.

Al llegar a Chiclayo, Augusto buscó a su firme.
Raúl: Mamá dijo que me acompañaras……
Augusto: Estás bien huevón, anda tú solo. A las 9 te espero en el cruce de Balta con Elías Aguirre.
Diciendo esto Augusto se fue con su firme en dirección hacia el Cine Sur, ahí pasaban una comedia italiana caliente.

Raúl tuvo que ver solo con su compañera “las matemáticas” (un cuaderno cuadriculado que llevaba siempre en su bolsillo trasero, en el que se inventaba problemas y los resolvía) la película “Ben Hur”.

Por la noche, al llegar a casa Doña Amanda les preguntó
Doña Amanda: ¿Qué tal les fue muchachos?
Augusto puso una cara pícara
Augusto: Muy bien mamá, te aseguro que muy bien.
Doña Amanda: Y tú qué dices Raulito? ¿Qué película vieron?
Raúl: “Ben Hur” mamá, “Ben Hur”.

El 1er año de Secundaria no fue fácil, la mayoría de muchachos buscaban pelea. Si Raúl no peleaba era sindicado como un chivo mariquita. Miguel (5to año) y Augusto (3er año) tuvieron que darle lecciones para que se desahuevara, estaba en juego el prestigio y el apellido de los Estrada.

Miguel: ¿Eres chivo?
Raúl: No!!!!
Miguel: ¿Te gustan las mujeres?
Raúl: Si!!!!
Augusto: Entonces ¿Por qué te comportas ahuevadamente?
Raúl: No se. Tengo miedo.
Miguel: Miedo de qué.
Raúl: ummmm.
Miguel: Ya veo. Tienes miedo de ser como yo o como Augusto.
Raúl: ¿A qué te refieres?
Augusto: Que no lo ves. Tienes miedo a ser un triunfador. Nosotros somos triunfadores, no le tenemos miedo a nada.
Miguel: Exacto. Pensar que mi padre te dedicó más tiempo a ti que a nosotros. Ni que decir de nuestra madre, mucho te ha sobre protegido. Es momento de cambiar esto. Te vamos a enseñar a pelear.
Augusto: Y empecemos de una vez.
Miguel le puso una zancadilla en el pie a Raúl y este cayó al piso, Augusto se abalanzó y comenzó a golpearlo. Raúl en vez de defenderse, sólo se limitaba a protegerse con los brazos.
Miguel: Augusto aquí hay mucho por trabajar.
Augusto: Es verdad.
Los Estrada no se veían tan unidos desde la época que jugaban en la Huaca Alcán. Raúl aprendió técnicas de ataque y defensa, mas golpes de karate que había aprendido Miguel en sus vacaciones en Lima ese último verano.

Al cabo de unas semanas ocurrió una gran pelea en el 1er grado. Iba Raúl caminando a la hora de recreo por el patio del Colegio cuando el zambo Barzola, con su collera, se puso en plan de joda.

Zambo Barzola: Miren, ahí va el boca de ojete.
Ja ja ja se rieron él y sus amigos.
Raúl los miro y se dirigió a ellos.
Raúl: A ¿quién le has dicho “boca de ojete”?..... ¡poto de puta!!!!!!!!
El zambo Barzola no soportó la afrenta y se lanzó sobre el muchacho a sacarle la mierda. Raúl hizo los movimientos de karate, pero no pudo con el zambo, este era muy experimentado en choques. Fruto de esta lucha, Raúl quedo con el tabique desviado de un golpe que recibió en la nariz.

En lo que restó del año, Raúl tuvo 4 peleas más con distintos integrantes de la collera del zambo. Hacia el 2do grado de Secundaria lo dejaron en paz. Fue este año que la “enfermedad del amor” llegó a la vida de Raúl. La culpa la tuvo Francisca Rodríguez, quinceañera de cuerpo geométrico y rostro de mujer ferreñafana, o sea era bella. Miguel no podía ayudarlo porque se había mudado a Lima para estudiar Derecho en la Universidad San Marcos. Augusto fue el llamado a ser su “maestro”.

Augusto: Conquistar a una mujer es lo más fácil del mundo.
Raúl: ¿En serio?
Augusto: Te lo digo yo que he seducido inclusive a mujeres de Quinti.
Quinti era el pueblo de las mujeres más bellas del Perú.
Raúl: Asu……Enséñame pues.
Augusto: Mira, todo consiste en la palabra.
Raúl: La palabra?
Augusto: A una mujer se le seduce por lo que se le dice. No hay más. No necesitas aprender más, sólo práctica e inspiración. Eso lleva tiempo.
Raúl: Pero ¿Qué palabra? ¿Qué inspiración? Ayúdame por favor.
Augusto: No te puedo ayudar más. Ya te di el secreto. Tienes que ser tú mismo, tú y tus palabras hacia esa belleza que tengas frente a ti, tú y tu inspiración ante esas sensaciones, emociones, palpitaciones que te provoque ella.
Raúl: Tú hablas bonito, en cambio yo…..
Augusto: No te subestimes. Y adelante fiera, ve por ella.

Raúl había mejorado en muchos aspectos en su personalidad, pero seguía siendo tímido con las mujeres. Por más que Augusto le hubiera dicho el gran secreto con las mujeres, su cerebro no entendía ese consejo. Su ingenuidad lo llevó a pedir ayuda al zambo Barzola.

Zambo Barzola: Así que a ti, pillín pillín, te gusta la ferreñafana.
Raúl: Si, tú que sabes más de mujeres. ¿Cómo hago para enamorarla?
Zambo Barzola: Comienza con cartas de amor perfumadas.
Raúl: ¿Perfumadas?
Zambo Barzola: Al estilo europeo pues. Le va fascinar, la vas a tener a tus pies en menos de lo que imaginas.
Raúl: Que carajos, lo voy hacer. Gracias Zambo.
Ni bien se fue Raúl, el zambo le contó la charla a su collera y no pararon de reír por buen rato.

En su casa, buscó una hoja en blanco, se sentó en la silla y se puso a pensar en ella. No le venía ni la inspiración ni las palabras. Envidiaba el talento de sus hermanos y del zambo Barzola para atraer, encantar y adular a las féminas. Así sentado, se puso a contemplar la biblioteca, en eso vio un libro de César Vallejo. Su cerebro reaccionó de inmediato.

Escribió en la Hoja:


Luego fue al cuarto de su mamá, cogió el frasco de colonia de lavanda y echó unas gotitas a la carta. Sólo unas cuantas.

Se cambió de ropa, se puso guapo (según él) y se dirigió a la casa de Francisca. Tocó la puerta y le abrió una anciana.

Anciana: Si, joven.
Raúl: Estimada dama le podría decir a su nieta que la busco.
La anciana lo miró y examinó.
Anciana: Un momentito.
Diciendo esto, cerró la puerta.
Al rato apareció Francisca. La muchacha era un sueño hecho mujer. Raúl quedó un tanto idiotizado al contemplarla pero luego de un rato se repuso y le dio un sobre.
Francisca: ¿Qué es esto?
Raúl: Léelo
Francisca, sonriente, procedió a abrir la carta (hizo un gesto de asco ante el olor de la misma) y la leyó. Le cambió el semblante a una media sonrisa. Raúl sudaba, se ponía rojo.
Francisca: Está bonita. Es el inicio de “Los Heraldos Negros” de Vallejo.
Raúl: Si, te lo dedico a ti.
Francisca: Ya veo. Gracias. Es un inicio muy realista que nos hace pensar que la vida es dura y que no llegamos a conocer cuanta fortaleza necesitamos para vivir.
Raúl: Uhum.

Francisca le dijo para pasear y conversar sobre la poesía inmensamente triste de Vallejo. Raúl por supuesto que aceptó a sabiendas que no sabía de Vallejo nada más que la hoja que al azar había abierto del libro y el verso que había apuntado. Los próximos minutos y horas se dedicó a escucharla hablando de Vallejo. La muchacha estaba fascinada con el “experto en Vallejo” y este no había pronunciado palabra alguna sobre poesía. Igual quedaron en verse otro día. Sin proponérselo, el zambo Barzola había formado el embrión del que a futuro sería un seductor de mujeres en la ciudad. No había caso, los Estrada habían nacido para amar a las mujeres, más temprano que tarde Raúl superaría a sus hermanos en ese fascinante arte.

Los años pasaron, Miguel se estableció en Lima para siempre porque se casó (lo “cazó” una piurana en Lima). Augusto corrió la misma suerte sólo que en Trujillo (también lo “cazaron” pero fue una chica ancashina). Raúl seguía viviendo en Picsi con su madre. Por aquellos años Raúl ya mostraba mucha seguridad en si mismo, inclusive ingresó a la Universidad Agraria del Norte y ahí estudiaba Agronomía. Le gustaban las mujeres de Ferreñafe y siempre las cortejaba y salía con ellas.

En cierto ocasión disfrutaba de unos deliciosos picarones con Juana Ipanaqué, cuando ella le dijo

Juana: Raúl vamos a la Feria de Huaca Rajada
Raúl: Pero son las 6. Podemos ir a otro lado…..
Diciendo esto paseo sus dedos por los muslos de Juana.
Juana: Amor, me han dicho que en la Feria se va presentar el “Adivino del Tumi”.
Raúl siempre había tenido curiosidad por esas creencias “brujas” de la población.
Raúl: Vamos pues, pero sólo un ratito.
Diciendo esto le hizo un gesto con la lengua a Juana. Ella lo tomó de la mano, le apretó el pulgar para luego enroscar su mano en ese dedo. Raúl puso los ojos como desorbitados. Juana se sonrió y se dirigieron a la Feria.

La Feria se encontraba hacia un costado de Huaca Rajada. Los habladores decían que dentro de la Huaca habían restos humanos de la antigüedad. Raúl que caminaba en ese mar de personas escuchaba a todos.  También habían curanderos que ofrecían hacer una limpia de enfermedades, los hierberos con sus plantas mágicas, los que curaban daños hechos por los envidiosos y por último se encontraban los adivinos.

El “Adivino del Tumi” se encontraba sentado en una piedra y tenía dos piedras más, una que hacia la forma de una mesa y la otra más pequeña para que se sentara quien quisiera hacer uso de sus servicios. En cada costado de la mesa tenía unos huacos eróticos de la cultura mochica (con unas parejas copulando). Llevaba un traje de color blanco, una barba blanca que combinaba con su cabellera del mismo color, unas pulseras en ambas manos y afirmaba a todo el que pasara que su edad era de 150 años por lo tanto era “experiencia garantizada”.

Adivino: Dígame caballero, cuál es su necesidad. Seguro quiere amarrar el amor de esa belleza sublime que se encuentra con usted.
Juana le hizo ojitos al adivino.
Raúl: No.
Adivino: Será que lo que desea usted es que le de buena suerte en sus negocios.
Raúl: Tampoco, además no tengo negocios. La que tiene negocios es mi mamá.
Adivino: ……… lo que usted desea entonces es saber su futuro.
Raúl: Si, eso me suena interesante.
Adivino: Son 25 soles.
Raúl buscó su billetera. Juana se acercó a su oído y le susurró
Juana: ¿Estás seguro?
Raúl: Si, quiero escucharlo.
Raúl le hizo entrega de la cantidad acordada. El “Adivino del Tumi” comenzó con unas cuantas preguntas acerca de él y luego preguntó por su salud.
Adivino: Le duele algo.
Raúl: Bueno si, la nariz me duele desde la vez que tuve una pelea en el colegio
Adivino: ¿En qué sector?
Raúl: Aquí, mire.
Raúl señalo la parte superior de su nariz y alzó la cabeza para señalar la fosa nasal derecha.
Raúl: Ahí dentro me duele.
El “Adivino del Tumi” miró adentro (mismo doctor) y luego puso cara seria.
Adivino: Nos puede dejar solos un rato señorita.
Juana extrañada los dejó a los dos solos
Adivino: Tengo que darle malas noticias.
Raúl puso atención a sus palabras
Raúl: ¿Cuáles son esas noticias?
Adivino: Usted va a morir joven. Así que mi consejo es que disfrute de lo poco que le queda de vida.

Raúl salió en busca de Juana, ella lo esperaba con un rostro lleno de preguntas.
Juana: ¿Qué te dijo?
Raúl: Nada importante, no te preocupes.

Aquella noche Raúl no durmió pensando en las palabras del “Adivino del Tumi”. Se la había creído. Al otro día fue donde su madre y su enfermo padre y les comunicó su decisión.

Raúl: He decidido abandonar mis estudios.
Don Andrés sólo hizo un leve gesto con el rostro. La extraña enfermedad que tenía le impedía hablar (sólo murmuraba) y prácticamente debía ser tratado como un bebé. Doña Amanda se encargaba del cuidado del anciano.
Doña Amanda: Raúl, te falta sólo dos años para terminar.
Raúl: El “Adivino del Tumi” me ha dicho que en estos días voy a morir.
Doña Amanda: ¿Puede ser hoy?
Raúl: Si
A Doña Amanda le salieron lágrimas (ella también se la creyó). A Don Andrés se le pusieron los ojos rojos (ídem Doña Amanda). Para completar la escena, Raúl se arrodilló y se puso a llorar en la falda de su madre.

En los días siguientes Doña Amanda comenzó a usar vestidos negros, a Don Andrés lo vistió con una camisa negra, un pantalón negro y una gorra de vaquero negra. Al anciano lo sentaron en una silla afuera de la casa, todo el santo día la pasaba ahí sentado. Se le veía tan exótico que muy pronto la gente llegaba a Picsi para tomarse fotos con el viejo. Siempre preguntaban que le pasaba. Doña Amanda siempre daba la misma explicación (pensando en su hijo).

Doña Amanda: La muerte no lo puede vencer.

Esas mínimas palabras de explicación de la señora tornaron al exótico anciano en una leyenda viva de un hombre que se resistía a morir cada día sentado en esa silla. Lo que no sabían es que el “verdadero héroe” se encontraba en su cuarto desde aquel día que comunicó su decisión a sus padres. Según él, echado en su cama, era la mejor manera para que la muerte lo encontrara.

Pasaron 12 meses y Raúl seguía vivo, echado en su cama y gordo como un cerdo. Miguel, que por cierto era un empresario exitoso en Lima, vino de visita después de años al hogar paterno. Ni bien llegó a Chiclayo, encontró en la Avenida Saenz Peña un cartel que decía: “Tour a la Casa del Vaquero en Picsi”. Le llamó la atención y consultó por el Tour

Miguel: ¿Quién es ese vaquero?
Operador Turístico: Un hombre que ha vencido a la muerte.
Miguel: Oiga, están ustedes de joda, eso es imposible.
Operador Turístico: Compruébelo usted mismo, varón.
Miguel: Pues claro, justo voy para Picsi.
Operador Turístico: Ahorita estamos saliendo.

Cuando llegaron a Picsi, Miguel se dio cuenta de todo el alboroto en torno a su casa.

Operador Turístico: Señores hemos llegado a la casa del vaquero.

Miguel bajó del bus, unos niños se le acercaron a venderle souvenirs con una foto de Don Andrés sentado en una silla con gorra de vaquero y mirando fijamente.  Otros niños vendían unos huaquitos pequeños con una escultura del vaquero.

Doña Amanda: ¡Hijo!
Miguel: ¡Madre!
Entre sollozos Doña Amanda le contó la desgracia que había caído sobre la casa.

De inmediato Miguel buscó a Raúl. Abrió la puerta del cuarto y lo encontró mirando a las musarañas.
Miguel: ¡Carajo! ¡Carajo! ¡Carajo!
Raúl lo miró con indiferencia. Miguel se acercó, lo agarró de los hombros y lo sacudió.
Raúl: Hermano hoy me voy a morir.
Miguel: Que morir ni que ocho cuartos.
Raúl: En serio, me duele la nariz como no te imaginas.
Miguel: A mí me duele el poto de todas las horas que he viajado para llegar acá y no digo nada. De inmediato te me levantas, no quiero un Estrada más a la deriva.
Raúl: ¿Un Estrada más a la deriva? ¿A qué te refieres? ¿Qué pasó con Augusto?
Miguel: La mujer con la que se casó era hippie y hace dos años se marcharon a Estados Unidos. Me escribió cartas al inicio pero desde hace unos meses ya no escribe nada. Su última carta hablaba de que no pensaba volver al Perú.
Raúl: Que pena.
Miguel: Raúl, tú estás joven puedes hacer mucho, déjate de esas tonterías que te vas a morir y trabaja.

Doña Amanda se puso a gritar: ¡Dios mío! ¡Dios mío!

Miguel: Vamos a ver qué pasa con mamá.

Aquel día del regreso de Miguel ocurrieron dos hechos: El hijo Raúl (¿pródigo?) volvió a la vida y Don Andrés murió sentado en esa silla. La última foto que tomó una pareja fue testigo del momento en que se cerraron sus ojos.

Todo el pueblo acompañó su entierro, inclusive se hicieron presentes periodistas de Chiclayo y de Lima. Miguel estuvo unos días con su madre y hermano, interesado en que Raúl se pusiera a trabajar y retomara sus estudios. Cuando creyó que todo andaba encaminado volvió a Lima.

Lamentablemente, Raúl seguía pensando en la muerte sólo que de una manera distinta. Ahora se había puesto a analizar la segunda frase del “Adivino del Tumi” que decía: “…..disfruta de la vida”.  Si iba a morir, pero se había equivocado al estar encerrado en su cuarto esperando la muerte. Lo que debía hacer ahora era aguardar a la muerte saboreando los placeres de la vida.

Esta nueva etapa le duró un par de años a Raúl. Conseguía trabajos cortos, sencillos, para tener dinero rápido y gastarlo en mujeres y licor. Sólo reaccionó el día que en medio de una borrachera con el zambo Barzola y su collera, se le acercó una mujer de edad madura que vio su lamentable estado y luego le dijo bien cerca al oído:

-          Encima de feo ¡Eres un Borracho!....... ¡Un borracho de mierda!

Raúl buscó los ojos de esa mujer. Le parecía conocida pero de dónde, por más que repasó sus treintaytantos años de vida no parecía encontrarla en ningún episodio importante, al menos eso fue lo que pensó.

La mujer se alejó carcajeándose cada vez en voz más alta.

El zambo Barzola le preguntó quién era la fulana, Raúl le dijo que no la conocía, que seguro era una bruja reprimida con ganas de que la ajustaran.

Tras el incidente con dicha mujer, Raúl volvió a la Universidad para terminar los dos años que le faltaban. Conoció a Noemí Castro, una joven chiclayana muy vital dueña de una belleza no corrompida. Se hicieron amigos y al cabo de un tiempo eran una pareja feliz. Nuevamente parecía que se convertía en un Estrada triunfador, el de sus primeros años de la Universidad sólo que ya no era un picaflor, ahora disfrutaba sus insaciables ganas de vivir con Noemí solamente.

Terminaron juntos la Universidad. Miguel lo contrató a su hermano menor para que trabajara en una sucursal de su empresa en Monsefú y en cuanto a Noemí, también le consiguió un empleo pero en el mismo Centro de Chiclayo. Dicen que cuando todo va bien puede ocurrir algo mal, y así sucedió. A los dos años, Noemí le pidió un tiempo a Raúl, este último no entendía que pasaba con ella, si todo iba tan bien. Al cabo de 9 meses Noemí le llamo por teléfono a Raúl y le dijo que necesitaba urgente conversar con él, que se encontraran en la puerta de la Catedral.

Era un viernes de mediados de los años ochenta, los vendedores de casettes mezclaban la música de Hombres G, Indochina y Phil Collins. En un restaurante un grupo de personas veían El Chavo del 8 en la televisión.

Cuando Raúl llegó a la esquina de la Catedral, en medio del bullicio de aquel día, vio a Noemí con un aire tranquilo y con un bebé en brazos. Había un hombre a su costado. Raúl se puso serio y avanzó a paso firme sin saber lo que ella le iba a decir.

Raúl: Hola!
Noemí: Raúl ¿Cómo estás? Te presento a Rubén Ríos, mi novio.
Rubén extendió la mano, no tuvo la correspondencia de la mano de Raúl.
Raúl: ¿Por qué me has dicho que querías verme acá?
A lo lejos se oía una balada del Grupo Pandora.
Noemí: Me cuesta decirlo
Rubén: El niño es suyo.
Raúl miro al niño, era igualito a él. Antes que dijeran algo más aquel par, lo cargó al niño y se marchó. Se fue a Picsi donde su anciana madre todavía luchaba, ese era el único término que conocía aquella mujer “luchar” para “vivir”. El bebé puso cara de alegría cuando vio las arrugas de aquella mujer.

Doña Amanda: Es como tú…..valioso.

Raúl comprendió que su madre no podría cuidar al niño, él peor por el trabajo. Se le ocurrió acudir a la vecina solterona de la casa vecina. Era una buena mujer, se llamaba Catalina Paucar. Acordaron como iban a ser los honorarios y ella aceptó. Le hizo mucha felicidad el saberse cuidadora de aquel pequeño.

Siempre que podía, Raúl se daba una escapada de Monsefú para ver al pequeño. Le puso por nombre Andrés en recuerdo de su padre. Además era el único nieto Estrada varón ya que Miguel había tenido 5 niñas y de Augusto no se sabía nada. Doña Amanda vivió sus últimos años con alegría y pensando siempre en el bebé engriéndolo, tejiéndole ropa, intentando jugar a pesar del dolor de sus huesos.

El día que el niño Andrés cumplió 3 años hicieron una fiesta no en Picsi, si no en el mismo Monsefú. La música cumbia invadía el ambiente con orquestas de la zona. Catalina parecía la mejor madre del mundo, atenta, decidida. Miguel asistió a la fiesta.

Miguel: Hermano esa mujer es buena. Cásate con ella.
Raúl: No se.
Miguel: Ja. Es increíble como todavía tienes esas inseguridades de adolescente.
Raúl: Es que no se. Lo que pasa es que …………..
Miguel: ¿Qué pasa?
Raúl se mantuvo callado.
Miguel: Ja. Ya chupa tu chicha de jora no más.
Miguel pensó que Raúl estaba con sus clásicas inseguridades que le venían de vez en cuando, no se imaginó que su último hermano andaba de amores con una morropina. No eran ese tipo de amores románticos clásicos, eran más bien de aquellos en los que las paredes lloraban de sudor.

Con el mismo modus operandi de Noemí Castro, la morropina también terminó sus sesiones de amor con Raúl para tiempo después (9 meses) entregarle una pequeña y decirle que era su hija. La niña tenía la cara de Doña Amanda, era su hija.

La familia creció en Picsi, Catalina ahora tenía tres personas para cuidar: a las dos Amandas (la abuela y la niña a la que pusieron el mismo nombre) y al pequeño Raúl. Debía tener especial cuidado porque Doña Amanda ahora sólo se movilizaba en silla de ruedas.

Los años noventa trajeron muchos cambios en la organización de las empresas, entre ellos muchos empleados de Lima fueron a trabajar a provincia. Una de ellas fue la administradora Melisa Trujillo, una joven que recién se había titulado y hacia sus primeros pasos profesionales en la empresa de Miguel Estrada. Raúl ni bien la vio, quedó chiflado con su belleza primaveral. Una vez más entraba en acción.

Por esas fechas llegó Miguel porque una boquifloja le contó lo que andaba haciendo su hermano en Monsefú con la nueva empleada.

Miguel: Huevonazo tú no entiendes ¿verdad?
Raúl: De qué carajos hablas.
Miguel: Huevón no te hagas el cínico. Te estás tirando a la chibola esa.
Raúl se sonrió como si fuera una hazaña.
Miguel: Deja de poner esa cara que yo ya llevo más de 40 años ayudándote. Y me he cansado. Pensé que con Doña Catalina te ibas a casar ahora que tuviste otra niña, pero no, andas empujándotela a la chibola.
Raúl: Más respeto con Melisa.
Miguel: Se acabó.
Raúl: ¿Qué se acabó?
Miguel: Estás despedido.
Raúl: Tú no me puedes hacer eso, eres mi hermano, debes pensar en tus sobrinos, en tu madre.
Miguel subió a su camioneta y se marchó. Un tipo de bigotes, de Recursos Humanos se acercó a Raúl con unos papeles en la mano.

Por la noche Raúl le informó a Melisa que se iba de la empresa porque había conseguido trabajo en Motupe. La joven le creyó porque también estaba chiflada por él, le fascinaba sus artes amatorias. Más bien le sugirió que se casaran para que fueran felices por siempre. La joven aceptó encantada.

Cuando Doña Amanda supo de las noticias de Raúl, se puso mal, le había tomado mucho cariño a Catalina. Era tan buena con los niños y con ella. Se puso a pensar en qué había fallado para que le saliera un hijo así. Se recriminaba.

Catalina: Doña Amanda ¿Qué le pasa?
Doña Amanda: Nada hija.
Catalina: La veo triste.
Doña Amanda decidió que era ella la que le debía decir la verdad ……cuando Catalina le dijo
Catalina: Sabe señora me he puesto bonita, hoy viene el Sr. Raúl. Usted cree que le guste?
Doña Amanda pensó que Catalina quizá se había quedado soltera de lo tan buena que era, un tanto ingenua medio cojudona.
Doña Amanda: Muchacha Dios hace milagros – le dio una esperanza.

Raúl contrajo matrimonio con Melisa y se fueron a vivir en Lima. Cuando Catalina se enteró todo lo que había pasado, fue tal su decepción que parecía que iba a explotar de sufrimiento y morir en ese mismo instante, pero fue más su amor por esos niños lo que le permitió seguir luchando en esa vida que le había tocado vivir.

Los años pasaron y un día ya en pleno siglo XXI, los jóvenes Raúl y Amanda se enteraron que su padre se encontraba enfermo en Lima. Ellos ni se inmutaron, para ellos su familia era su madre Catalina, su abuela ya fallecida, sus primas y el tío Miguel y esposa.

En la más absoluta soledad de un cuarto de lo que había sido su casa con Melisa, quien lo había abandonado y no le había dado ningún hijo, murió Raúl. Momentos antes escuchó una voz que le dijo:

-          ¡Te quedaste solo, pobre y lleno de remordimientos!